Reflexión entre amapolas

la foto (16) Desear todo el tiempo me ayuda a caminar y  va cubriendo de planes mi presente mientras mi pasado  vive en una constante melancolía.

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ecordé hace unos días un capítulo de mi infancia : cuando mis padres nos llevaban a mis hermanos y a mí a la montaña. Nos gustaba explorar por los caminos y perdernos en el bosque.  Subir y bajar rampas inclinadas de tierra y piedras, mientras nos parábamos a mirar  algún reptil, o, simplemente ,  las hormigas de cabezas gigantes. Felices de poder superar todos los obstáculos. Aquello era una gran aventura hasta llegar al manantial, donde recogíamos el agua fresca que salía de un caño. También recuerdo el campo de amapolas, interminable, mientras caminábamos por caminar hacia la masía. Allí, la gente se paraba a comer. Muchas familias con niños y abuelos, todos se reunían en aquel caserón.  A mí me parecía un lugar de vaqueros, como en el oeste. Muy de vez en cuando aparecía un hombre con botas de montaña encima de un caballo; bajaba  y enganchaba las riendas a una valla de madera. Siempre había un perro muy grande y peludo que no paraba de ladrar y otros pequeños a su alrededor. Ellos, los vaqueros , paraban allí para comer.  En realidad , no sabría decir si es cierto o no mi recuerdo de que allí llegaban aquellos hombres, pero yo lo mantengo firmemente en mi cabeza.  Al volver caminando de nuevo, nos topábamos con las amapolas.  Yo corría a perderme en medio del campo rojo. Probablemente ,las flores me llegaban hasta la cintura y me sentía como la mariposa de un cuento. Eran tan hermosas aquellas flores reunidas, felices y en comunión, como si de una gran fiesta se tratara, que yo las quería poseer y  entonces , las arrancaba efusivamente  para guardarlas en mi mano , pero, morían y se arrugaban al instante. Lo hacía una y otra vez. Cuando se iban marchitando las miraba, pensaba en el dolor y en la manera fugaz que tenían de desaparecer, apenas sin una despedida. Un día decidí no hacerlo más, sabía que no me gustaba verlas morir, pero necesité un tiempo para entenderlo .En verdad, lo que me fascinaba de aquellas flores era la belleza, su majestuosidad en aquel campo de rubíes y sentirme rodeada por ellas, me hacía desmedida e inmortal, pero cuando sucumbian en mis manos, todo lo que antes había sentido, se desvanecía. No sé cuánto tiempo tardé en darme cuenta de aquello. Tal vez las amapolas me hablasen aquel día susurrándome antes de morir –No insistas en poseerme, porque aún deseándolo con todas tus fuerzas, desaparecerá, afligido e inevitable , todo lo hermoso que encontraste en mi .”